Presentamos 10 maneras para motivar a los empleados de nuestra empresa:
1. Ambiente de trabajo positivo
Fomente la creatividad, las nuevas ideas, la iniciativa, las puertas abiertas, ...
2. Participación en las decisiones
Facilite a los empleados un ámbito para que tomen sus decisiones y respetelas.
3. Involucración en los resultados
Haga saber al empleado cómo puede afectar su trabajo a los resultados del departamento o de la compañia.
4. Sentido de pertenencia al grupo
Haga que el empleado se identifique con la identidad corpotativa, por ejemplo, facilitando tarjetas de visita.
5. Ayude a crecer
Proporcione formación. Potencie habilidades.
6. Feed-Back
Proporcione retroalimentación de su desempeño indicando los puntos de progreso y aquellos que pueden mejorarse.
7. Escucheles
Procure reunirse con ellos de forma periódica para hablar de los temas que les preocupe. Comer juntos en un restaurante puede ser una buena excusa...
8. Agradecimiento
Agradezca sinceramente los esfuerzos. Un simple nota con un ¡Gracias! manuscrito encima de su mesa puede ser suficiente.
9. Premie la excelencia
Reconozca y premie la los trabajadores que presenten un desempeño estraordinario.
10. Celebre los éxitos
La celebración hace justicia a los esfuerzos desempeñados para conseguir el éxito
http://www.gueb.org/motivacion/Motivar-Empleados
domingo, 11 de mayo de 2008
Presentamos 10 maneras para motivar a los empleados de nuestra empresa:
Los 10 pecados de la capacitación
El recién aprobado Decreto Ley No. 8 del 15 de febrero del 2006 que reestructura el sistema de formación profesional, capacitación laboral y capacitación en gestión empresarial a través de la cual se crea el Instituto Nacional de Formación Profesional y Capacitación para el Desarrollo Humano en reemplazo del Instituto Nacional de Formación Profesional y todos los programas de capacitación, nos convoca a reflexionar sobre las principales limitaciones que por décadas hemos observado en esta actividad tan vital para el desarrollo.
Históricamente la capacitación profesional ha sido una de las actividades que menos importancia ha representado dentro de las estructuras gubernamentales como de la empresa privada. En la práctica ha significado para los empleados públicos asistir periódicamente a seminarios aislados, basados en el esquema de las 40 horas presenciales que han generado en algunos gremios —particularmente en el docente— la fiebre por el medio punto como mecanismo para acumular puntaje y ascender profesionalmente.
La capacitación como herramienta para contribuir a la transformación profesional, desde nuestra perspectiva, debe superar al menos 10 pecados capitales a los que habría que prestarle atención en la nueva estructura gubernamental. Veamos:
1. La falta de un diagnóstico de detección de necesidades de capacitación que priorice a lo interno de cada institución los conocimientos, destrezas y competencias laborales, basados a su vez en una estrategia de formación de recursos humanos y las necesidades del mercado laboral.
2. La ausencia de un programa integral de capacitación que permita superar los clásicos seminarios de 40 horas "sobre cualquier tema" y que ha desatado la euforia por el medio punto como único móvil para asistir a los seminarios.
3. La falta de un programa de incentivos o mecanismos de ascenso profesional basados en el eficiente nivel de desempeño y en el esfuerzo- muchas veces pagado por los propios empleados-. Es decir, a mayor cantidad de seminarios, la respuesta es la total indiferencia y capacitarse no logra ni mejora salarial, ni movilidad laboral.
4. La ausencia de programas de capacitación innovadores apoyados en la tecnología de los medios de comunicación (Canal Once, Radio Nacional y en otros espacios en los medios de comunicación), lo que convierte a los seminarios en verdaderas jornadas plenas de aburrimiento y desaprovechamiento del potencial creativo de los medios. Se requiere dotar a la nueva entidad de formación profesional de una inversión considerable de equipos tecnológicos y de infraestructura moderna que permita dinamizar los clásicos seminarios basados en el tablero y en la voz del facilitador.
5. Capacitar previamente a los facilitadores de los seminarios para que dominen plenamente estrategias didácticas de aprendizaje significativo y uso de medios audiovisuales que repercutan en un aprendizaje dinámico. Es frecuente que quienes "se ganan las licitaciones" de los programas de capacitación, son, sospechosamente las ONG de los amigos de los ministros y directores de turno de cada institución. Buscar con objetividad en el mercado local a profesionales idóneos es un deber ineludible.
6. Escasa bibliografía escrita sobre los contenidos del seminario, lo que impide que los participantes estudien de forma independiente y realicen tareas prácticas relacionadas con la capacitación (bibliografía actualizada).
7. Seleccionar los participantes de los programas de capacitación basados en verdaderos criterios de necesidades profesionales y demandas del mercado laboral y no en amiguismos con las fuerzas del poder.
Cuando los seminarios son a nivel internacional el vía crucis de los funcionarios que realmente merecen participar son objeto de un botín político relacionado con el partido en el poder.
8. Unificar los salarios de los facilitadores, basados en la categoría de "expertos internacionales" y profesionales nacionales. Las discriminaciones son humillantes y preocupantes, sobre todo de quienes "llegan, informan y se van".
9. Establecer otras modalidades de capacitación más ágiles, que permitan descentralizar la burocracia interna de las respectivas direcciones de perfeccionamiento profesional: capacitación a distancia, en servicio, empleo de la capacitación en línea.
10. La ausencia de mecanismos de seguimiento a los participantes en los seminarios que permita evaluar la eficiencia de los contenidos y a la vez garantizar que los beneficiarios permanezcan en la institución con el compromiso de multiplicar y potencializar las nuevas herramientas.
Quien dirija esta nueva entidad gubernamental deberá tener la suficiente trayectoria profesional, entusiasmo, creatividad y liderazgo comprobado en materia de desarrollo de recursos humanos. De lo contrario estaremos profundizando la crisis actual que se vive en materia de actualización laboral
por Ileana Gólcher. docente universitaria. Publicado en Diario Prensa (Panamá) 09/03/2006
martes, 6 de mayo de 2008
Voluntad

Escribe Vasconcelos (1950, 263): "en el sentido ético, la voluntad es superior a la razón. Un hombre de buena voluntad es más profundo y más de fiar que el ingenioso y el listo. Un talento brillante gana admiración, nunca afectos. Por eso, con justicia, todas las religiones ofrecen recompensa por excelencias del corazón o sea de la voluntad, no por excelencias de comprensión o de inteligencia. Todos los movimientos que presenciamos en el exterior, son obra de la voluntad; ella sostiene el pulso en las venas y desarrolla toda la vida de las especies. La acción del cuerpo es un resultado de la objetivación de la voluntad. El intelecto se fatiga, la voluntad nunca se cansa. El intelecto necesita del sueño, la voluntad trabaja aún en el sueño".
Capacidad de elegir entre caminos distintos de acción y actuar según la elección tomada, en concreto cuando la acción está dirigida hacia un fin específico o se inspira por ideales determinados y principios de conducta.
La conducta de voluntad contrasta con la conducta derivada del instinto, impulso, reflejo o hábito, ninguna de las cuales implica una elección consciente entre distintas alternativas.
Este acto de voluntad se manifiesta:
• Primero, en la fijación del interés sobre metas más o menos distantes y modelos y principios de conducta abstractos hasta cierto punto;
• En segundo lugar, al ponderar vías alternativas de acción y efectuar acciones deliberadas que parecen mejor calculadas para servir a principios y metas específicos;
• Tercero, en la inhibición de impulsos y hábitos que pudieran distraer la atención, o entrar en conflicto con un principio o un fin, y, por último, en la perseverancia frente a obstáculos y frustraciones en la persecución de metas y en la adhesión a principios establecidos previamente.
Entre los defectos comunes que pueden conducir a la debilidad de la voluntad figuran la ausencia de objetivos que exijan esfuerzo o de ideales y modelos de conducta que merezcan ser considerados, atención vacilante, incapacidad para resistir los impulsos o romper hábitos, y la incapacidad para decidir entre alternativas o asumir una decisión, una vez tomada.
Sin la voluntad, no somos capaces de hacer lo que realmente deseamos, tampoco podemos conseguir los objetivos que nos proponemos.
"Quien tiene educada la voluntad es mas libre y puede llevar su vida hacia donde quiera....No se es mas libre cuando se hace lo que apetece, sino cuando se tiene capacidad de elegir aquello que hace ser mejor.
La conquista de la voluntad. Enrique Rojas Montes1998
a) La voluntad debe ser ilustrada y esclarecida por el entendimiento. La instrucción. Es obvio que todo cuanto contribuye a ejercitarnos en el juicio discursivo y en la reflexión, beneficia de idéntica manera los procesos volitivos de la determinación y el querer. Al respecto dice Jaime Balmes (1981, 123): "¡Cuántas veces una escena, una lectura, una palabra, una indicación, remueve el fondo del alma, y hace brotar de ella inspiraciones misteriosas!… El espíritu se desenvuelve con el trato, con la lectura, con los viajes, con la presencia de grandes espectáculos: no tanto por lo que recibe de fuera como por lo que descubre dentro de sí". Parece acertado afirmar que la educación de la voluntad es, ante todo, una disciplina intelectual.
b) La voluntad debe ser educada y fortalecida por el ejercicio. La práctica y el ejercicio. Como toda capacidad humana, el hábito de querer y de ejecutar no se adquiere y desarrolla sino a fuerza de ejercicio. Algunos moralistas hablan con entusiasmo de la gimnasia de la voluntad, que aparte de los esfuerzos exigidos por el cumplimiento de nuestras diarias obligaciones, nos lleva a la práctica de ciertos ejercicios, destinados a fortalecer la voluntad, como la gimnasia o ejercicio físico da vigor y poder de resistencia al organismo. Sobre el asunto escribe W. James (1948, 38): "Mantened viva en vosotros la facultad del esfuerzo mediante un pequeño ejercicio diario. Esto quiere decir: sed sistemáticamente heroicos todos los días en las pequeñas cosas no necesarias, haced uno o dos días alguna cosa por la sola razón de que es difícil y de que preferiríais no hacerla, y así cuando suene la hora del peligro o de la necesidad os encontrará animosos y dispuestos".
Lipovetsky llega a la siguiente conclusión: ”el esfuerzo ya no está de moda; todo lo que supone sujección o disciplina se ha desvalorizado en beneficio del culto al deseo y su justificación inmediata. Así pués, se fomenta la “debilidad de la voluntad” y la anarquía de tendencias y, correlativamente, la pérdida del centro de gravedad que lo jerarquice todo”.
La ciencia ha sustituido la voluntad por un sistema determinista, dando lugar a la motivación para explicar la conductas: nadie es responsable porque nadie es libre de hacer otra cosa que aquello que se hace en respuesta a una situacíón determinada (Maher,1970). Por tanto, si el sujeto aparece dirigido por fuerzas externas, no puede ser responsable de sus actos y tan solo puede sobrevivir mediante la huida del compromiso emocional ... o busca compromisos sin vínculos. Al ocaso de la voluntad hay que unir el ocaso de la promesa.
Las principales motivaciones pueden ser: sistemas de hábitos, sistemas de creencias, tendencias, ”concupiscencias”, el afán de éxito, la aversión, la evitación de daño, la conducta protectora, la autoafirmación, la afiliación, la autonomía, la oposición, los móviles, etc.
En los motivos o motivaciones, hay un notable componente sentimental puesto que el comportamiento o conducta está dirigido por dos sistemas: el sentimental y el motivacional.
Grande y hermoso espectáculo es ver al hombre salir en cierto modo de la nada por sus propios esfuerzos; disipar, por las luces de su razón, las tinieblas en que la naturaleza le había envuelto; elevarse por encima de sí mismo; lanzarse por el espíritu hasta las celestes regiones; recorrer a paso de gigante, como el sol, la vasta extensión del universo; y, lo que es todavía más colosal y más difícil, entrar en sí, para en sí estudiar al hombre en general y conocer su naturaleza, sus deberes y su fin.
(Rousseau)
Libre albedrío
Poder o capacidad del individuo para elegir una línea de acción o tomar una decisión sin estar sujeto a limitaciones impuestas por causas antecedentes, por la necesidad, o por la predeterminación divina.
Un acto libre por entero es en sí mismo una causa y no un efecto; está fuera de la secuencia causal o de la ley de la causalidad
El libre albedrío designa la posibilidad de elegir entre el bien y el mal (San Agustín).
A menudo se confunde el libre albedrío con la libertad. Ésta es el buen uso del libre albedrío.
También se confunde el libre albedrío con la voluntad. La voluntad es un acto y el libre albedrío es una facultad. Lénin decía que “el libre albedrío no significa otra cosa que la facultad de tomar una resolución con conocimiento de causa”.
El libre albedrío requiere ausencia de coacción externa, la libertad requiere ausencia de coacción interna.
Desde el punto de vista de su potencial, el hombre es libre. Puede actuar, hacer y pensar lo que quiera, dado que podría llegar a eludir cualquier impedimento externo que se lo impidiera. Por lo tanto, el libre albedrío es la natural disposición de todo hombre a hacer cuanto le plazca.
Pero el hombre no está solo, sino que está rodeado de otros seres que también gozan de la misma libertad. Este hecho es fundamental para entender que la libertad del hombre no puede ser ilimitada, porque la existencia de otros hombres libres como él se lo impide.
El impedimento es sólo una cuestión de supervivencia, porque si un hombre hace lo que quiere sin tener en cuenta que puede afectar a otro con su accionar, está autorizando al otro a hacer lo mismo; y de esa manera peligra también su propia existencia.
Pero el caso es que el libre albedrío no sólo está limitado por el otro sino que también está condicionado por la ley de la causalidad. Esta ley no se puede ignorar porque funciona inexorablemente. Cada acción tiene una consecuencia que no necesariamente se manifestará de inmediato sino que se hará efectiva en algún momento, acentuada gracias a la propiedad que tienen los actos relacionados para combinarse entre si y formar un hecho aún más complejo.
Esta afirmación se apoya en la Ley de la Entropía que postula que todos los sistemas en la naturaleza tienden a transformarse con el tiempo de un estado ordenado a un estado desordenado e irreversible.
En este sentido se puede justificar la filosofía Taoísta de la importancia de la inacción para evitar los efectos, porque el solo aletear de una mariposa en un continente podría producir en otro un huracán.
Existe otra razón importante que limita nuestro libre albedrío y es la existencia de una instancia natural dentro de nosotros mismos que es la conciencia.
La conciencia es el otro yo, el que coteja, se cuestiona y dialoga permanentemente con el yo externo, o la máscara social. Su existencia es indudable, porque todos sin excepción parecemos estar divididos en dos, el Ser y el No Ser.
Cuando no hay unidad de criterios entre estas dos instancias de nuestro mundo psíquico, la indecisión produce un conflicto y no poder salir del conflicto es una neurosis.
Por esta razón todo hombre tiene que optar libremente en cada instante de su vida, entre Ser o no Ser él mismo, es una elección ineludible, su condición y su tragedia, y esta elección es la que definirá su destino.
jueves, 17 de abril de 2008
El águila que no quería volar
"Había una vez un campesino que fue al bosque vecino a atrapar un pájaro para tenerlo cautivo en su casa. Consiguió cazar un pichón de águila. Lo colocó en el gallinero, junto con las gallinas. Comía mijo y la ración propia de las gallinas. Aunque el águila fuera el rey o la reina de todos los pájaros. Después de cinco años, este hombre recibió en su casa la visita de un naturalista. Mientras paseaban por el jardín, dijo el naturalista:
-Este pájaro que está allí no es una gallina. Es un águila.
-De hecho -dijo el campesino- es águila. Pero yo lo crié como gallina. Ya no es un águila.
Se transformó en gallina como las otras, a pesar de las alas de casi tres metros de extensión.
No. Replicó el naturalista. Ella es y será siempre un águila. Pues tiene un corazón de águila.
Este corazón la hará un día volar a las alturas.
No, no. Insistió el campesino. Ella se convirtió en gallina y jamás volará como águila.
Entonces, decidieron hacer una prueba. El naturalista tomó el águila, la levantó bien en alto y, desafiándola, le dijo:
-Ya que usted es de hecho un águila, ya que usted pertenece al cielo y no a la tierra, entonces,¡abra sus alas y vuele!
El águila se posó sobre el brazo extendido del naturalista. Miraba distraídamente alrededor.
Vio a las gallinas allá abajo, picoteando granos. Y saltó junto a ellas. El campesino comentó:
-Yo le dije, ¡ella se convirtió en una simple gallina!
-No –insistió el naturalista. Ella es un águila. Y un águila será siempre un águila.
Vamos a experimentar nuevamente mañana.
Al día siguiente, el naturalista subió con el águila al techo de la casa.
Le susurró: Águila, ya que usted es un águila, ¡abra sus alas y vuele!
Pero, cuando el águila vio allá abajo a las gallinas, picoteando el suelo, saltó y fue junto a ellas.
El campesino sonrió y volvió a la carga:
-Yo le había dicho, ¡ella se convirtió en gallina!
-No –respondió firmemente el naturalista. Ella es águila, poseerá siempre un corazón de águila.
Vamos a experimentar todavía una última vez. Mañana la haré volar.
Al día siguiente, el naturalista y el campesino se levantaron bien temprano. Tomaron el águila y la llevaron afuera de la ciudad, lejos de las casas de los hombres, en lo alto de una montaña. El sol naciente doraba los picos de las montañas. El naturalista levantó el águila al cielo y le ordenó:
-Águila, ya que usted es un águila, ya que usted pertenece al cielo y no a la tierra, ¡abra sus alas y vuele! El águila miró alrededor. Temblaba como si experimentase una nueva vida. Pero no voló. Entonces, el naturalista la tomó firmemente, bien en dirección del sol, para que sus ojos pudiesen llenarse de la claridad solar y de la vastedad del horizonte.
En ese momento, ella abrió sus potentes alas, graznó con el típico kau, kau de las águilas y se levantó, soberana, sobre sí misma. Y comenzó a volar, a volar hacia lo alto,
a volar cada vez más alto. Voló... voló.. hasta confundirse con el azul del firmamento..."
Hermanos y hermanas. Nosotros fuimos creados a imagen y semejanza de Dios. Pero hubo personas que nos hicieron pensar como gallinas. Y muchos de nosotros todavía creen que somos efectivamente gallinas. Pero nosotros somos águilas. Por eso, hermanos y hermanas, abramos las alas y volemos. Volemos como águilas. Jamás nos contentemos con los granos que nos arrojen a los pies para picotear.
-Águila, usted, que es amiga de las montañas e hija del sol, yo le suplico: ¡Despierte de su sueño! Revele su fuerza interior!
"No te permitas dormir soñando que estás despierto" Recuerda siempre tu origen divino, desarrolla el "Recuerdo de sí". Todos los problemas de la vida son para que recuerdes quién eres y templen tu espíritu, y no para que te lamentes. Tú eres un ÁGUILA, despierta de tu sueño y vuela libre con el viento...
Por James Aggrey
lunes, 14 de abril de 2008
EL MISTERIO DEL ELEFANTE
Cuando era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de ellos eran los animales, y dentro de ellos, mi preferido era el elefante. Durante la función, la enorme bestia impresionaba a todos por su peso, tamaño y, sobre todo, por su descomunal fuerza.
Pero, después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, uno podía encontrar al elefante detrás de la carpa principal, atado, mediante una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.
La estaca era solo un minúsculo pedazo de madera, apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Por qué el elefante no huye, arrancando la pequeña estaca, con el mismo esfuerzo que yo necesitaría para romper un palito de fósforos? ¿Qué fuerza misteriosa lo mantiene atado, impidiéndole huir?
Tenía unos siete u ocho años, y todavía confiaba en la sabiduría de las personas grandes. Pregunté entonces a mis padres, maestros y tíos, buscando respuestas a ese misterio. No obtuve una respuesta coherente (la edad no es un impedimento para percibir la coherencia, o la falta de ella, en lo que la gente nos dice).
Alguien me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia:
-Si es cierto que esta amaestrado, entonces... ¿Por qué lo encadenan?
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta que me satisficiese. Con el tiempo, me olvidé del misterio del elefante y la estaca y sólo lo recordaba cuando me encontraba con gente que me daba respuestas incoherentes, por salir del paso, y, un par de veces, con otras personas que también se habían hecho la misma pregunta.
Hasta que hace unos días, encontré una persona, lo suficientemente sabia, que me dio una respuesta que al fin me satisfizo:
-El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca toda su vida desde que era muy pequeño.
Cerré los ojos y me imaginé al pequeño elefantito, con solo unos días de nacido, sujeto a la estaca. Estoy seguro que en aquel momento el animalito empujó, jaló, sacudió y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo librarse.
La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Podría jurar que el primer día se durmió agotado por el esfuerzo infructuoso, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que seguía... Hasta que un día, un terrible día, el animal aceptó su impotencia, y se resignó a su destino.
El elefante dejó de luchar para liberarse. Este elefante enorme y poderoso no escapa porque CREE QUE NO PUEDE HACERLO. Tiene grabado en su mente el recuerdo de sus, entonces, inútiles esfuerzos, y ahora ha dejado de luchar, no es libre, porque ha dejado de intentar serlo. Nunca más intentó poner a prueba su fuerza.
Por JORGE BUCAY